Aurich ganó y forzó tercera final en Perú

Por Michel Dancourt Lunes, 12 de diciembre de 2011

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Leandro Fleitas está con el torso agachado mirando el piso. Ricardo Ciciliano saltando con sus compañeros. Juan Jayo acompaña su andar cansino con los ojos inyectados de rabia. Luis Guadalupe grita a todo pulmón el triunfo. Miguel Ángel Arrué luce desencajado mientras Diego Umaña estrena una sonrisa de niño y saca cuentas que pasará una gran Navidad.

Hay una hinchada, mayoritaria en el estadio, que llora su decepción. Apenas con fuerza para mostrar su aliento incondicional. Hay otra hinchada, pequeña en cantidad, que grita de emoción y deja su garganta roja como el color de las camisetas que llevan puestas. Estas escenas reflejan las dos caras de la moneda de la segunda batalla por el título nacional jugada en Matute que lucía un ambiente de fiesta pero terminó saboreando un café frío como en velorio. Sin exagerar, solo faltaron las galletitas.

Cuando Víctor Hugo Carrillo -el árbitro de cuestionada actuación- pitó el final, el alma de unos guerreros trajeados de rojo sintieron que tocaban el cielo. Sí, el Juan Aurich se olvidó de sus temores de la primera final disputada en el estadio Elías Aguirre de Chiclayo y con mucha personalidad concretó la proeza que muchos imaginaban inalcanzable: derrotó 1-0 a Alianza Lima y determinó que se juege el desempate este miércoles en el Estadio Nacional desde las ocho de la noche.

Umaña se reinvindicó

Dicen que la capacidad de un técnico no solo se aprecia en el trabajo previo a un partido y en las estrategias a utilizar, sino también es la virtud que tiene para cambiar los destinos de una historia. Diego Umaña sacó el cartelito de estratega. Porque para este compromiso hizo los cambios que le dieron sus frutos a lo largo de los 90 minutos. Umaña se la jugó esta vez por Alfredo Rojas, Roberto Merino y Pedro Ascoy y el ‘Ciclón’ se mostró como una fiera indomable ante Alianza, sobre todo en la primera etapa.

Fue inteligente porque le quitó la pelota a los que frotan la lámpara en Matute. Aisló a los atacantes de los volantes y después trató de hacer daño con la agresividad de Tejada, la genialidad de Merino o con las proyecciones de Guizasola.

En Alianza, Roberto Ovelar luchó en solitario para tentar una esperanza. Jorge Bazán fue muy bien controlado por los hombres de recuperación de la visita donde Rojas se comportó como todo un peón por su despliegue físico incansable.Asimismo los laterales victorianos no pudieron proyectarse demasiado y sus centros no tenían buen destino. ¿Algo más? Montaño estuvo desastrosamente peleado con el balón. Eso confabuló para que el Aurich agarre moral y espere el segundo tiempo para dar el zarpazo letal.

Un Umaña iluminado se la jugó en el complemento con el ‘Zizou’ Ricardo Ciciliano y el ‘Cachete’ Ysrael Zúñiga mientras Alianza perdía a su mejor figura, Roberto Ovelar quien se quedó en los vestuarios producto de una fatiga muscular.

Con este panorama la balanza se inclinó a favor del ‘Ciclón’. Porque el entusiasmo de ‘Zlatan’ Fernández quien reemplazó al ‘Búfalo’ y anotó un gol que fue anulado por na clara mano, no fue suficiente. Tampoco los ingresos de Joazinho Arroé ni Junior Viza resultaron solución para encontrar la luz al final del túnel .

Fue así que el Juan Aurich aprovechó la incertiduembre del dueño de casa que ya jugaba con 10 tras expulsión de Jorge Bazán para irse en busca de ese grito bendito llamado gol. Y lo encontró al minuto 19 del complemento tras centro de Guizasola que Zúñiga añadió para marcar la diferencia en el marcador. Matute se quedaba en silencio y Carrillo sacó tres tarjetas rojas luego al Zúñiga, a Rojas y después a Montaño.

Carrillo tocó el silbatazo postrero para decir, como en las series americanas de los ochentas, que esta historia continuará...