Caracas luce urgido de una reacción

Por Javier Ramirez Lunes, 30 de enero de 2012

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Los rostros largos fueron el lugar común en el regreso de la expedición caraquista después del revés 4-0 en Montevideo contra Peñarol. Todas las carencias del cuadro avileño, ese que fue reforzado de manera arriesgada en diciembre y que se fue alistando con mucha ilusión, terminó estrellándose de manera aparatosa en el estadio Centenario ante el finalista de la última Libertadores. Salvo milagro, la eliminación caraquista parece inminente. Y la ausencia de la fase grupos por primera vez desde 2003, es algo que obliga a revisar qué sucedió.

¿Qué alejó al Caracas de aquella versión que se ganó el respeto del continente? Hay varios factores. Se puede ir de lo más inmediato a los antecedentes, con la frialdad que procuran los resultados. Desde antes del pitazo inicial, el Rojo tenía sentencia. Mientras Peñarol sabía a qué jugaba, Caracas no pudo aprovechar unos primeros minutos de dominio y un penal errado por Edgar Jiménez. Y mientras la defensa hacía aguas, con Julio Machado y Renny Vega cometiendo errores que rara vez se les habían visto, tampoco el ataque se vio bien. Una de las adiciones más rutilantes de la pausa, Jesís Meza, se quedó en el banco. El técnico Ceferino Bencomo alineó a dos puntas (Ferreira y Uribe) y después de los primeros compases, no sucedió nada. Peñarol, veterano de mil batallas, sin arrugarse le metió cuatro y pudieron ser más.

Tampoco la importación lució. Ni el central paraguayo Felipe Pérez, ni el atacante guaraní Víctor Ferreira se vieron mejor que los prometedores titulares que ocuparon sus demarcaciones en el pasado semestre: Peraza y el hoy lesionado Aristeguieta.

En las huestes caraquistas no recordaban aún cuando fue la última vez que un enemigo les hizo verse tan mal. Era el equipo orgullo del fútbol venezolano, el que acumula más títulos en sus vitrinas, el que tiene las canteras más prolíficas de la nación. Y aún así, su orgullo fue mancillado por un rival que sin despeinarse, les anuló y les hizo verse muy mal. Mucho peor que lo que pudo esperar el más pesimista de los seguidores rojos

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Resta ver la paciencia que tendrá la directiva con el cuerpo técnico que lidera Bencomo. Si bien cuando heredó el equipo en 2010 pudo amarrar la estrella número 11 en la historia del club, se quedaron cerca de ganar los títulos en la 2010-11 frente a Táchira y Zamora. Luego cedieron frente a un CD Lara invicto en el último Apertura. Tampoco pudieron trascender en la Copa Sudamericana a la que clasificaron en 2010 (eliminados por Santa Fe/COL). Pese a una buena Libertadores en 2011, también se quedaron en la primera ronda. Y de concretarse la eliminación en esta fase previa de la Copa, al Caracas sólo le quedaría pelear con uñas y dientes por el cetro del Clausura para amarrarse a la posibilidad de mantenerse en una competición continental a la que no falta desde hace 9 años. Por lo que representa para el orgullo de una institución que se hizo grande a fuerza de pelear arriba, y por los ingresos económicos que supone.

Por ahora, lo más importante, es que el Caracas se amalgame mejor. Que errores garrafales como los cometidos la pasada semana, no se repitan en el partido de vuelta. Es muy complicado que le den vuelta a lo que sucedió en Montevideo. Pero, al menos, es necesario limpiar la imagen y elevar la autoestima de un plantel que a pesar de todo, nombre a nombre, puede pelear por el cetro en Venezuela. Quizás un buen desempeño no sea suficiente para meterse en la fase de grupos de la Libertadores. Pero por lo menos puede ayudar a reconducir las cosas. Un nuevo fracaso, en cambio, puede desencadenar una crisis en un torneo Clausura en el que el Caracas apenas ha jugado un partido.