David Ferrer, un lujo ausente en Buenos Aires

Por Gustavo Ronzano Miércoles, 9 de febrero de 2011

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El hombre nacido en Jávea, Alicante, hace 28 años, fanático de Valencia pero parado en las antípodas del fanatismo al hablar con quien se le cruce en su vida, el de cordialidades a flor de labio, llegaba a la cita de Buenos Aires subido a la cresta de su carrera. Es cierto que si nos remitimos a la fría letra de las estadísticas no se puede soslayar que David Ferrer fue número cinco del mundo y en ese 2008 a puro ascenso también supo sentarse en el cuarto escalón del ranking mundial. Pero hoy por hoy, todavía en el amanecer de 2011, su carta de presentación no sólo incluye la chapa como sexto jugador del escalafón de la ATP. David Ferrer desembarcaba en la Copa Claro que se disputará a partir del lunes 14 en el Buenos Aires Lawn Tennis con unos cuántos argumentos más que sostienen su cartel de figura estelar. Pero no podrá ser. Después de caer en primera ronda en Rotterdam ante el finlandés Jarkko Nieminen por 6-3 y 6-4, el español alegó motivos personales y se bajó del certamen porteño. "Es una pena no poder contar con David. Le deseamos lo mejor y que regrese pronto a las canchas", dijo Martín Jaite, director del torneo.

Apenas se levantó el telón del año, Ferrer alzó un trofeo, el décimo de su carrera, al conquistar el título en Auckland, en lo que fue la antesala del Abierto de Australia. Después allí, en Melbourne Park, trepó hasta las semifinales, en donde cayó ante el escocés Andy Murray. Se trata, definitivamente, de un encumbrado. A no dudarlo.

No hace falta un análisis demasiado profundo para comprender que no forma parte de la misma discusión que vienen protagonizando hace tiempo los dos gigantes, Rafael Nadal y Roger Federer. Y que también, con casi 29 años a cumplir el 2 de abril, su muy buen nivel no le alcanza para avivar el fuego de la pulseada con Novak Djokovic y con el propio Murray, más allá de las oscilaciones del británico que hoy lo ubican por debajo del sueco Robin Soderling. Pero después del grupo de los fantásticos viene el otro, en el que Ferrer es actor principal, es un imán que no interpreta ningún rol de reparto. Y así llegaba a un torneo en el que un año atrás fue finalista ante otro español, Juan Carlos Ferrero.

Fue la última edición de la Copa Telmex aquella de 2010, que ahora le acaba de dar paso a la Copa Claro. Pero al margen de patrocinios comerciales, todavía por Buenos Aires se recuerda el último paso de Ferrer. En realidad, como ocurrió por ejemplo con las recurrentes visitas de Carlos Moya, este otro español también supo generar un vínculo especial con el público porteño. Esta iba a ser su quinta visita a la ciudad. Y él, amparado por el ala de su bajo perfil, había subrayado días atrás: “No creo que ahora mi presencia genere algo más por haber sido semifinalista en Australia. Fui varias veces a Buenos Aires y su gente ya me conoce, en todo sentido”. Ahora, con la certeza de su ausencia, se abre una pena mayúscula.

Con los argentinos liderados por David Nalbandian y Juan Mónaco, más los otros españoles, más aquellos que quieren dar el gran golpe, el ATP de Buenos Aires se viste de gala una vez más. Eso sí, la presencia de este encumbrado David Ferrer le otorgaba un toque de distinción al torneo. Le daba un sabor especial. Representaba, al fin y al cabo, un condimento de lujo en la mesa del buen tenis. Otra vez será.