Golf: el futuro no es lo de menos

Por Juan Manuel Durruty Domingo, 3 de octubre de 2010

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El golf es un deporte al que el imaginario popular relaciona con señores barrigones, con un habano a tiro, poca afición a las emociones violentas y escasa preocupación por el futuro. Sin embargo, esa es una imagen errónea, incorrectamente estereotipada y rebatible con algunos argumentos sencillos.

Ni siquiera en el ámbito profesional se puede vincular al golf con los personajes caricaturizados en el primer párrafo. La semana pasada, en la columna anterior, se hacía referencia a la entrega del premio Payne Stewart 2010, que recibió Tom Lehman –foto-. Se trata de un reconocimiento a la labor solidaria personal de los golfistas, pero lo destacable es que desde la organización del deporte también se busca humanizar a estrellas acostumbradas a largas temporadas de vida súper-recontra-vip.

Conscientes de que la imagen no es todo, los directivos de las diferentes entidades que agrupan a golfistas profesionales del mundo, suelen trazar estrategias para proteger a los que se quedan fuera de ese círculo de millonarios. Y como la mejor manera de predicar es con el ejemplo, vale destacar el diseño del plan de compensaciones que el PGA Tour y FedEx armaron para repartir los 35 millones de dólares anuales que la empresa aporta para premiar a los mejores jugadores de cada temporada.

La noticia gorda, hace unos días, reflejaba que Jim Furyk, ganador del premio grande de 2010, recibirá 10 millones de dólares, pero la letra chica, que nunca es tan tentadora para resaltar refleja una mirada más larga; precisamente la que quiere funcionar como disparador desde el costado de los organizadores. Si bien es cierto que la imagen del ex boxeador o del ex futbolista que perdieron todo lo que ganaron con el deporte es más frecuente, en el golf también existieron, existen y, probablemente, existirán esos casos. Por eso, a la hora de los cheques correspondientes a la FedEx Cup, son pocos los que ven las moneditas en el momento de celebrar.

Al ganador, le entregan nueve de los diez millones en el acto, y al resto de los top ten también se les envía un cheque con parte de sus premios. Pero el resto, al igual que el reconocimiento para los jugadores que quedaron entre los puestos 11 y 125, se les deposita el dinero en un fondo de retiro, que no puede ser tocado hasta determinada fecha.

Por ejemplo, al tucumano Andrés Romero, quien terminó en el puesto 69 de la serie de playoffs, le correspondieron 100.000 dólares de premio, que recién podrá cobrar después de los 50 años. Lo ideal sería que no los necesite en ese momento, pero por las dudas, el Pigu sabe que alguien pensó en un futuro.