Libertadores: Equilibrio total

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Boca Juniors tuvo la pelota, generó algunas situaciones de riesgo, sobre todo en el segundo tiempo, pero no pudo cerrar la victoria sobre Corinthians en el partido de ida por la final de la Copa Libertadores (1-1). Es la síntesis de un duelo apretado, cerrado, con una Bombonera hirviendo, donde la escuadra de Julio César Falcioni inició la etapa final de su travesía por conseguir la séptima estrella en el principal torneo continental de clubes.

La primera certeza es que a la batalla decisiva llegaron los dos mejores equipos del torneo. Fuerzas parejas, estructuradas a partir de defensas sólidas, bien armadas, con volantes trajinadores, capaces de jugar bien a ras de piso, pero también de batallar sin arrugar.

Boca pudo ganar, sobre todo cuando Facundo Roncaglia puso el tanto de la apertura después de un cabezazo de Santiago Silva. En ese momento pareció tambalear la estantería de los paulistas. Sin embargo, Juan Román Riquelme perdió un balón en la mitad del campo y el fondo boquense quedó mal parado. Un notable pase de Emerson dejó bien posicionado a Romarinho, quien aprovechó el mal cierre de Clemente Rodríguez y definió con certeza sobre el achique de Agustín Orión.

La realidad muestra que Corinthians es un cuadro efectivo, serio, casi sin fisuras. En esta Copa recibió cuatro goles, una marca impresionante para el nivel internacional. A veces no impresiona, no llena la vista, pero lleva los partidos al terreno que le conviene. Los centrales Chicao y Leandro Castán no corren riesgos, mientras que en la mitad de la campo Ralf patrulla y genera juego. Arriba, Emerson es un delantero guapo, que ni siquiera se intimida en La Bombonera.

El próximo miércoles asistiremos a una final de dientes apretados. Dos equipos que juegan de manera similar. Respetan la pelota, pero no corren riesgos. Será una noche brava, con Boca intentando tocar el cielo por séptima vez y Corinthians bregando por instalarse en la galería de los inmortales.