Magnano: “No me permito pensar en perder”

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En diálogo con Julián Mozo, el gran entrenador argentino, hoy dirigiendo a Brasil, entrega su visión de la competencia.

El entrenador que condujo a Argentina al oro de Atenas y a la plata en el Mundial de Indianapolis, hoy conduce los sueños del básquetbol brasileño en Londres. Un diálogo que permite conocer el rigor de un referente del baloncesto.

Por Julián Mozo

Ni siquiera él soñó que su estadía en Mar del Plata le daría tanto. En los papeles no era nada fácil lo que Rubén Magnano iba a buscar al Preolímpico 2011. Por un lado, asistía como entrenador de Brasil, archirrival de Argentina, y se preguntaba cómo lo recibirían los hinchas. Por otro lado, el cordobés luchaba por uno de los dos boletos a Londres para que la verdeamarelha volviera a los Juegos Olímpicos luego de 16 años. Y, de repente, luego de la competencia, Magnano era pura felicidad pese a que Brasil había perdido la final con Argentina.

Es que había logrado todo lo buscado. Y más. El equipo fue, en funcionamiento, el mejor del torneo, resultó el fiel reflejo de su técnico y logró la "vaga", como el DT dice en una de las pocas palabras en las que confunde el castellano y el portugués tras dos años en Brasil. Pero hubo más. Las dos ovaciones, una de casi un minuto, que el público argentino le regaló le tocaron el corazón y lo llevaron a calificarla como "la mayor victoria de mi carrera". Pero Magnano, en un mano a mano exclusivo, no solo habló de lo vivido en su país sino que, a días del megaevento en Londres, confesó sus ilusiones, de volver a ganar una medalla, como en aquel histórico Atenas 2004, cuando Argentina sorprendió al mundo al colgarse la de oro.

-¿Qué sensaciones te dejó Mar del Plata?

-Nuestro objetivo era recuperar la plaza olímpica luego de 16 años. Éramos conscientes de que para eso habíamos sufrido la baja de varios jugadores importantes y que debíamos jugar contra equipos de mucho potencial. Ese objetivo se pudo conseguir y si bien no fuimos campeones, no quedó un sabor amargo. Todo lo contrario. Nos sentimos muy orgullosos.

-¿Pensabas que ibas a tener contra las cuerdas a Argentina como sucedió? La Generación Dorada parecía inexpugnable de local.

-Yo no me permito pensar en perder. Me ha tocado, sí, pero como entrenador no tengo utopías ni imposibles. Argentina era como tabú, nunca podíamos ganarle. Lograrlo nos ayudó mucho más a la moral, a la confianza, fue un trampolín muy relevante para el otro juego, que era el verdaderamente importante. No valía de nada si no le ganábamos a Puerto Rico. Luego, la final salimos a jugarla y tuvimos la posibilidad de ganarla, pero apareció una vez más Scola (Luis) y volvió a ser nuestro verdugo.

-Fue impresionante ver el sello de Magnano que tuvo la selección brasileña. ¿Lo viste igual?

-Yo no puedo hacer esa evaluación. Me gustó sí cómo respondió el equipo. Ya me gustó en Turquía (Mundial 2010), más allá de que la posición final no fuera la mejor. Intentamos jugar de una forma comprometida y solidaria, como yo siento el básquet. Y en este Preolímpico dio un paso más.

-¿Qué te hizo sentir orgulloso?

-Más que nada que en estos dos años y medio no haya tenido problemas con nadie. He visto un compromiso muy alto. Eso me hace sentir muy feliz. Muchos de ellos han entregado muchas cosas y merecen volver a un Juego Olímpico.

-¿Cómo es para un jugador brasileño que lo dirija un argentino? ¿Te miraron de reojo cuando llegaste o en todo momento, por tus pergaminos, hubo máximo respeto?

-Ellos rápidamente entendieron de qué se trataba. Es clave que muchos hayan tenido un paso por Europa, allí conocieron los límites de la zona de confort. Eso facilita. Yo traté de poner las formas y reglas. Y el grupo trabajó muy duro.

-¿Cómo fue dirigir a Brasil en Argentina? Te regalaron ovaciones impresionantes. ¿Te pasó algo tan emocionante en tu carrera?

-Lo que viví en Mar del Plata fue la mayor victoria en mi carrera. La gratitud y el reconocimiento es lo que nos queda a todos. No puedo describirlo con palabras. Y lo más importante es que no fue inducido por nadie, ni por un micrófono, ni por nadie. Me dejó una marca en el corazón que la llevaré por siempre.

-¿Cómo te tiene Londres? ¿Nervioso, preocupado, ansioso, tranquilo, confiado?

-Si te digo tranquilo te estaría mintiendo, no soy tranquilo. Nervioso tampoco estoy. Tengo las dudas o temores que puede tener cualquier entrenador ante la mayor competencia de un deporte, que se irán disipando cuando se vayan presentando los jugadores.

-Uno imagina que todos se presentarán.

-¿Cómo evaluaste el sorteo? Brasil cayó en una buena zona...

-(se ríe) A mí me causa gracia que algunos hablen como si hubiera equipos les regalaran algo en el sorteo, como si las selecciones que juegan en contra de Brasil sean cualquier cosa. Estimo que es una zona más pareja. España está un escalón por encima y el resto (Australia, China y Rusia), incluido Brasil, puede aspirar a los lugares para avanzar a cuartos. Nuestra calidad de juego nos dará el lugar que nos merecemos.

-¿Puede Brasil aspirar a ser segundo en esa zona?

-Sería lo ideal. Segundo o tercero podría ser también para evitar al primero de la otra zona, que en teoría podría ser Estados Unidos. Pero ojo, yo estoy acostumbrado que en estos torneos hay sorpresas.

-¿Con qué te volverías contento de Londres?

-Quedaría feliz de la vida con una medalla olímpica. Es un sueño, pero tampoco es una utopía. Si uno sale airoso el cruce de cuartos uno encara la pelea por la medalla muy fortalecido. Todo puede pasar.

La medalla ausente

Cuando uno le nombra Atenas 2004, su emoción va por dentro... "Es el mayor logro del básquet argentino y estoy orgulloso de haber sido una pequeña parte. A mí me quedó en la retina cuando la bandera argentina era izada por encima de las otras, nunca me lo voy a olvidar... ", reconoce el entrenador que condujo a la gloria mayor la “Generación Dorada” del básquetbol argentino.

-¿Qué sientes cuando recuerdas que te subiste al podio?

-Yo no subí al podio, casi que lo vi desde la tribuna...

-¿Por qué no?

-Porque solo los jugadores suben y los entrenadores no tienen medalla.

-¿No tienes medalla?

-No, no.... La tengo guardada en el corazón, no me hace falta de metal.

-....

-Voy a tratar de hacer aunque sea una réplica algún día (sonríe). Aunque sea de cerámica.

Pero lo importante es que sentí un orgullo tremendo de haber sido parte; es una felicidad que no se puede describir con palabras. Yo, además, creo que no me he permitido sentarme a pensar en lo que se logró. Evito pensar en eso, es una cachetada a la autoestima para mirar para adelante. Voy a tener tiempo de disfrutarlo, hoy estoy mirando más para el futuro que para el pasado.

-Ya tienes experiencia olímpica, ¿les cuentas a tus jugadores lo que es un Juego Olímpico?

-Difícilmente hablo de mis vivencias deportivas, nunca lo hago ante mis nuevos jugadores. Ellos saben demasiado para estar recordando cosas vividas; sí lo que significa un Juego Olímpico, la diferencia que existen en todos los aspectos, como vivir en una villa olímpica, a diferencia de un Mundial.

Palabra de un triunfador.