Otro hoyo en uno de la tecnología
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Hoy, contrariamente, es inimaginable que un golfista de élite no tenga a un personal trainer en su equipo de trabajo permanente, y el resto, sigue rutinas de preparación que los mantiene en buen estado para soportar las exigencias que demandan las temporadas de los circuitos de diferentes niveles. Del mismo modo, la tecnología también tuvo cada vez mayor y mejor receptividad, tanto entre los profesionales como los aficionados que quizás juegan 18 hoyos por mes. Pero claro, si los campeones tienen lo último, los amateurs imaginan que siguiéndolos en esa tendencia, podrán estar cada vez más cerca de sus ídolos.
En pelotas, en palos, en zapatos y hasta en anteojos hubo avances significativos que pasaron a formar parte del elenco estable en los bolsos de todos los profesionales. Ahora, la novedad pasa por las remeras, que siguen incorporando mayores prestaciones para ayudar a los deportistas. Así, marchando detrás de algo que empezó a mostrar el rugby hace algunos años, el golf ya tiene las primeras remeras que cuentan con tiras iónicas, que permiten que el cuerpo reciba mayor cantidad de oxígeno para mejorar su performance. En el Mundial de Rugby de 2007, se vio a varios seleccionados haciendo gala de esa tecnología, y no sólo en las camisetas, ya que también en la parte posterior de las medias se podían apreciar las franjas que ayudan a los jugadores a oxigenarse mejor.
Obviamente, la tecnología no es la solución ni la garantía absoluta, pero es inútil oponer resistencia caprichosa. Los golfistas lo entienden y lo asumen. Después vendrá la discusión por los colores, aunque esa es otra batalla largamente perdida por los conservadores que añoran los viejos –y aburridos- tiempos de poca variación cromática.