Paraguay sabe lo que hace

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No es casualidad de que la selección paraguaya tuviera de rodillas a Brasil en la segunda jornada de la Copa América. La escuadra de Gerardo Martino remontó el gol inicial de Jadson y en el segundo tiempo se puso en ventaja, gracias a las anotaciones de Roque Santacruz y Nelson Haedo Valdez, dos de sus estandartes ofensivos en este ciclo que comenzó en 2007.

Paraguay es distinto, pero igual. ¿Contrasentido? No, para nada. Es diferente a lo que hizo siempre, cuando apelaba a correr, defender con orden y fiereza, sumando además una disposición física envidiable. Hoy mantiene esos atributos, pero suma una identidad colectiva y técnica que otrora careció. Busca jugar la Albirroja por abajo, con la intención de pasarse siempre la pelota, ocupando las bandas para terminar con el balón en el área rival donde la variedad de arietes que dispone le permite ofrecer una amplia variedad para la definición.

Brasil, con su recambio plagado de figuras apetecidas por las grandes potencias del planeta fútbol, asomó en Córdoba con la intención de mejorar la imagen que exhibió en el arranque en La Plata, cuando decepcionó al empatar en blanco frente a Venezuela. Dio la impresión que enrielaba la historia con el derechazo de Jadson que superó la estirada de Justo Villar, otro nombre de este proceso. Pero cuando los equipos tienen un fondo, un sistema, una idea, pero además creen en lo que hacen, ni siquiera quedar en desventaja ante el Scratch los tumba.

El Tata Martino imprimió su sello a este Paraguay que se metió el año pasado en los cuartos de final de la Copa del Mundo y tuvo a España contra las cuerdas cuando Oscar Cardozo perdió un penal en el complemento y el marcador estaba 0-0. Esta vez supo mover las piezas para incomodar a un antagonista enorme. Trasladó a Darío Verón al lateral derecho, rearmando la dupla de centrales del Mundial, con Paulo da Silva y Antolín Alcaraz, dejando en la franja izquierda a Aureliano Torres, quien otorga salida clara y permanente. En el eje central apeló al buen manejo de Néstor Ortigoza, clave en la distribución para Marcelo Estigarribia hiciera mucho daño en el carril zurdo.

No era fácil lo que hacía Estigarribia. Debía moverse por la zona de Dani Alves, una de las estrellas del súper Barcelona, y lo desestabilizó durante los 90 minutos. Incluso el lateral blaugrana tuvo responsabilidad en los dos tanto, que fueron por su costado. Para resaltar la tarea de Santacruz. En la etapa final de su carrera, mantiene la ilusión de un debutante y se entrega al trabajo colectivo porque entiende que hay un bien superior.

Llega a la última jornada Paraguay dependiendo de sí mismo. Enfrenta a una crecida Venezuela, es cierto, pero las pruebas de grandeza que ha protagonizado este plantel son demasiadas. Martino escoge las pinzas con el criterio de un conocedor a fondo del fútbol guaraní. Su mérito radica no sólo en armar un cuadro competitivo. Es más profundo lo suyo. El Tata comprendió que si buscaba éxitos era necesario entender la idiosincrasia, la historia de los jugadores paraguayos. Junto a su cuerpo técnico captó la esencia de un grupo privilegiado. Lo más probable es que nadie en Sudamérica quiera encontrarse en un duelo mano a mano con Paraguay, porque saben que la tarea será dura y extrema.

Esa es la herencia que deja Martino. Paraguay es mucho más que una suma de voluntades. Es, ante todo, un equipo de fútbol que tiene claridad sobre sus virtudes y defectos. Y cuando eso ocurre es que el camino recorrido se transitó por la senda correcta.