Didier Drogba es uno de los mejores delanteros del mundo. Un asesino del área, potente, completo y con sacrificio colectivo, sólo tenía una deuda pendiente en su carrera: ganar la Champions League.
El marfileño, símbolo del Chelsea, vive supuestamente los últimos años de su carrera, por lo que la final en Múnich era un buen escenario para recibir el trofeo esperado.
Y Drogba cumplió su sueño, nada menos que anotando el empate cuando acababa el partido y luego marcando el penal definitivo.
Drogba dio lo mejor de si en la gran final. Fue un guerrero y tuvo su premio, siendo reconocido por sus mismos compañeros.
Posiblemente ahora se marche del Chelsea (suena en el Barcelona), pero puede irse en paz: ya lo ganó todo.
